viernes, 27 de julio de 2007

El cerdo de Zavala


Los Conjurados
Erika Rivero Almazán
losconjurados76@hotmail.com

Cómo incendiar un partido a costillas de un Mole de Panza

René Escalona González, mejor conocido en el mundo de la farándula política como El Mole de Panza, no enloqueció de repente.

Tampoco es un ser solitario que se manda solo.

René Sánchez Juárez, líder croquista, es quien mece la cuna en todo este lío de conato de ‘incendio’ en el PRI de la diagonal.

Pero como diría Jack, vayamos por partes:

Escalona González, un joven de 25 años, recibió órdenes precisas la mañana de ayer por parte de su maestro, el único ser que lo pudo convencer para someterse a un delicado pero eficaz sistema de quema-calorías por hora y lucir como todo un candidato, eliminando así no sólo años de ejercicios, dietas estrictas y delirios de inferioridad alimentados por su robustez hereditaria (según él).

Tal particularidad física inspiró en sus colegas los más rudimentarios apodos, pero sólo el más famoso permaneció desde sus primeros años en la facultad de Derecho de la BUAP hasta hoy en día: el Mole de Panza.

Así pues, el Mole de Panza despertó este martes con una consigna: llamar la atención de la prensa a como diera lugar, encadenarse al partido, llamar ‘cerdo’ al secretario de Gobernación, Javier López Zavala, gritar a todo pulmón que el proceso de selección interna de candidatos era un simulacro, amañado por el (otra vez) ‘cerdo’ de Zavala, el único artífice de la imposición, venta de candidaturas y, por ende, el responsable absoluto de la futura derrota electoral de noviembre.

O sea, decir lo que René Sánchez Juárez no pudo o no quiso hacer.

El Mole de Panza lo haría con tal severidad, determinación y jugo gástrico que acapararía los titulares de los medios de comunicación.

Él, con tan sólo 25 años y con una incipiente carrera política.

Y así lo hizo.

Ayer las cámaras de televisión, las ondas de radio y las fotografías de la prensa local publicaron el drama de este chico, cuya única ilusión era ser candidato a diputado local por el distrito 6, pero el cerdo Zavala destruyó cualquier sana pretensión.

Se le veía angustiado, enojado, encadenado a un partido que impide que la juventud florezca.
Qué tristeza.

Claro que el Mole de Panza evadió hablar de temas vitales sobre su persona: por ejemplo, de cómo se inventó un currículum de 15 páginas, y las dos maestrías (una en administración pública y otra en gobierno, ajá) o de cómo consiguió los dos avales (de la CTM y del Organismo de Mujeres) que lo acreditaron para inscribirse en el proceso interno de selección de candidatos, pasándose por el arco del triunfo la línea ya dictada del partido a favor de Bárbara Ganime.

Tampoco explicó su intempestivo odio contra la secretaria general del PRI Municipal, Sandra Montalvo, a quien amenazó con armar un verdadero incendio si le impedían que se inscribiera como aspirante.
También, acusó al Frente Juvenil, y al resto de los sectores de actuar parcialmente y conforme a la voluntad de López Zavala (la acusación está por escrito) y también se jactó de contar con el apoyo incondicional del hijo del gobernador, Mario Marín García.

¿De dónde viene tanto apoyo, tanta valentía para retar a Zavala?


René Sánchez Juárez es quien tiene la respuesta.

Fue el quien mandó a su pupilo para hacer semejante zafarrancho y sumarse a los priístas del interior del estado que se manifestaron en contra del dedazo en las puertas de su partido.

Cómo olvidar cuando a Sánchez Juárez lo abrumaba la fiaca para impartir su clase en la BUAP en la facultad de Derecho (derecho electoral) y Ciencias Políticas (partidos políticos) y enviaba a sustituirlo a René Escalona, quien además de ser su sustituto magisterial era su secretario particular, chofer y correveydile.

Bueno, pues una encomienda más para el Mole de Panza fue unirse a las protestas en contra de Zavala y gritarle ‘cerdo’.

El enojo de René Sánchez Juárez emana de una promesa no cumplida por parte de Zavala (como ya hay tantas). Resulta que la versión del líder croquista es que el secretario de gobernación le prometió una diputación local, además de una regiduría en la capital.

Nada más que a la hora de la hora, no le cumplieron.

Y René, como muchos otros ardidos, armaron el relajo que se vivió ayer en el PRI.

Y eso es sólo el principio.

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